El talento joven necesita algo que Zoom no puede ofrecer
Durante años escuchamos que el futuro del trabajo sería completamente remoto. Las videollamadas reemplazarían las oficinas, la productividad aumentaría y las nuevas generaciones podrían desarrollar sus carreras desde cualquier lugar.
Sin embargo, la realidad está demostrando algo diferente.
Un estudio reciente de la Reserva Federal de Nueva York encontró que el desempleo entre jóvenes recién graduados ha aumentado especialmente en aquellas profesiones que pueden realizarse de forma remota. Lo más interesante es que la principal explicación no parece ser la inteligencia artificial, sino una consecuencia inesperada del trabajo a distancia.
Las empresas siguen contratando, pero están favoreciendo perfiles con experiencia. La razón es sencilla: un profesionista experimentado ya sabe cómo resolver problemas, comunicarse con clientes, tomar decisiones y operar de manera autónoma. En cambio, un recién graduado todavía está construyendo esas habilidades.
Y es ahí donde aparece un desafío que ninguna plataforma tecnológica ha logrado resolver por completo.
El aprendizaje invisible
El talento joven aprende observando.
Aprende escuchando conversaciones que no estaban dirigidas a él. Aprende viendo cómo un líder maneja una negociación complicada. Aprende cuando puede acercarse a un compañero para hacer una pregunta rápida. Aprende cuando recibe retroalimentación inmediata después de una reunión.
Gran parte del aprendizaje profesional ocurre de manera informal y espontánea. No está en los manuales, no está en los cursos y tampoco en las videollamadas programadas. Simplemente sucede cuando las personas comparten espacio.
Quizá muchos de los que hoy dirigimos empresas aprendimos así. No fue un curso el que nos enseñó a negociar, vender, liderar o resolver problemas. Fue observar a alguien hacerlo antes que nosotros.
Cuando miro hacia atrás, gran parte de lo que he aprendido en mi carrera no provino de una capacitación formal. Lo aprendí escuchando conversaciones, participando en reuniones, viendo cómo reaccionaban otras personas ante situaciones complejas y, en ocasiones, simplemente estando presente.
Ese tipo de aprendizaje es difícil de medir, pero tiene un enorme valor.
La verdadera función de la oficina
Durante mucho tiempo pensamos que la oficina existía para trabajar. Hoy ya no estoy tan seguro de que esa sea su función principal. Después de todo, gran parte del trabajo puede realizarse desde una computadora portátil y una buena conexión a internet.
Eso cambió la pregunta.
La oficina ya no tiene que justificar por qué existe como lugar de trabajo. Tiene que justificar por qué existe como lugar de encuentro.
Y la respuesta, al menos desde mi experiencia, es clara.
Las oficinas aceleran el aprendizaje, fortalecen la cultura organizacional, facilitan la colaboración, ayudan a construir relaciones de confianza y permiten que el conocimiento viaje de las personas más experimentadas hacia quienes apenas comienzan su carrera.
En WOR lo vemos constantemente. Las empresas que más crecen no necesariamente son las que tienen más metros cuadrados o las mejores instalaciones. Son aquellas que logran transmitir conocimiento, cultura y visión a sus equipos de manera consistente.
Y eso sigue ocurriendo mejor cuando las personas conviven.
Lo que la inteligencia artificial no puede reemplazar
La inteligencia artificial transformará industrias completas. Automatizará tareas, aumentará la productividad y cambiará la forma en que trabajamos.
Pero precisamente por eso, las habilidades humanas serán cada vez más valiosas.
El liderazgo. La comunicación. La empatía. El criterio. La colaboración. La capacidad de influir en otros.
Todas ellas son habilidades que siguen desarrollándose mejor cerca de otras personas.
La inteligencia artificial puede responder preguntas. Puede generar contenido. Puede analizar información en segundos.
Lo que todavía no puede hacer es reemplazar la experiencia de trabajar junto a alguien que te inspira, te corrige, te desafía y te ayuda a crecer profesionalmente.
El futuro no es remoto ni presencial
El futuro probablemente no será completamente presencial ni completamente remoto. Será híbrido, como ya lo hemos venido platicando durante los últimos años.
De hecho, creo que la discusión correcta ya no es cuántos días debemos ir a la oficina. La pregunta importante es para qué vamos a la oficina.
Si únicamente vamos a responder correos o asistir a reuniones virtuales, probablemente podamos hacerlo desde cualquier lugar.
Pero si vamos a aprender, colaborar, construir relaciones, desarrollar talento y fortalecer una cultura organizacional, entonces los espacios físicos siguen teniendo un papel fundamental.
Las empresas que entiendan esto tendrán una ventaja competitiva importante durante la próxima década.
Porque al final, y esto es algo que veo todos los días, el talento joven necesita algo que Zoom todavía no puede ofrecer:
Personas de quienes aprender.